Cada mañana llegamos al yacimiento a trabajar con la sensación de que es una suerte disfrutar de un trabajo y un lugar como éste. La necrópolis tebana es uno de esos lugares aún enigmáticos que encierran numerosos secretos y atraen la atención de miles de visitantes. Sin embargo, en cuanto empiezan los trabajos, esa sensación de fascinación queda atrás y se ve superada por el compromiso y rigurosidad del trabajo que realizamos y que tiene un impacto directo en el patrimonio y la historia egipcia. Es por ello por lo que, en un pocos minutos, todos se dirigen a sus mesas o rincones donde aguardan los materiales para continuar con una labor fascinante pero rigurosa y exigente.

Para los trabajos en el complejo funerario de Ipi (TT 315) hemos recibido este año la asignación de un inspector bien conocido para el equipo, Abu el-Qasem Hagag. Qasem ha sido inspector de nuestro proyecto en dos ocasiones y por eso nos conocemos muy bien y hay una complicidad entre colegas que solo se consigue con el paso del tiempo. En los días previos, Qasem ha sido una ayuda fundamental en los preparativos de los trabajos con el sarcófago de Ipi y estamos seguro de que al final de la campaña, como ha sido el caso anteriormente, será un miembro más del equipo que habrá ayudado como cualquiera a conseguir los objetivos establecidos para esta campaña. Es un gran inspector, con experiencia y capacidad para ayudar, y eso se nota en el trabajo diario. Junto con Aabla, nuestra inspectora para la tumba de Djari, se puede decir que ambos son dos activos importantes que dan valor al papel de los inspectores y colaboran a la relación entre los equipos y el Ministerio egipcio de Turismo y Antigüedades.

Además de la extracción de los fragmentos del sarcófago de Ipi, labor que realiza Miguel, el equipo dedica tiempo al inventariado de los fragmentos para asegurarnos que quedan identificados y localizados. Estos días ha estado trabajando en esta cuestión nuestra compañera Rebekah, que junto con el siglado de cada fragmento de modo sistemático lleva el registro –junto a Miguel– del lugar que ocupa la pieza en los planos de las paredes del sarcófago. Esta catalogación de cada fragmento, su posición original, características, fotografía y dibujo permitirá, más adelante, avanzar en la reconstrucción completa del sarcófago de caliza de gran calidad del visir Ipi.

Mientras, en la tumba de Djari, continuamos con el análisis estructural y pictórico. Eso plantea una discusión constante sobre los posibles problemas a los que enfrentarse con la restauración de los pilares y muros, sobre todo en relación a la estabilización de los morteros murales que dan soporte a las pinturas sobre una fina capa de yeso, cuestión que intentan resolver los restauradores con pruebas de adecuación a la hora de restaurar. Este tipo de análisis va de la mano de la documentación a realizar de las diversas pinturas y escenas y el examen de las inscripciones, principalmente en hierático, a modo de etiqueta sobre los individuos, escenas y acciones.












































