La mañana ha empezado con la buena noticia de la incorporación de un inspector bien conocido por el equipo: Abu el-Qasem Hagag. Qasem ya fue inspector del equipo durante la tercerca campaña en abril de 2017 y con él disfrutamos de unas semanas de buen trabajo y resultados muy significativos. El depósito de momificación fue (re)descubierta por el equipo durante esa campaña, por lo que podemos decir que su presencia atrae la buena suerte. Ojalá (i.e. del egipcio “inshaallah”) podamos seguir disfrutando de su buen trabajo y fortuna.

En el complejo de Djari, hoy hemos iniciado la documentación de las pinturas en los diversos sectores donde aparecen. Las escenas en mejor estado se encuentran en la mitad sur del pasillo transversal, donde el equipo de Winlock ya descubrió representaciones excepcionales de burros, pastores, bueyes y la recolección de higos. Se trata de un repertorio tradicional de escenas de la vida cotidiana que rememora los buenos momentos en la tierra egipcia, junto a la familia y como parte de la comunidad, con los que el artista decora la tumba y perpetúa esa dimensión de la vida para el difunto y su experiencia ultraterrenal. La contrapartida a este tipo de escenas se encuentra en las representaciones del difunto junto a su primogénito, disfrutando de una competición de lucha o las escenas de su propio funeral, mucho más formales y con un significado social y religioso profundo.

Además, a primera hora de la mañana parte del equipo se ha desplazado al complejo funerario de Ipi (TT 315), donde hoy hemos iniciado las tareas de restauración del sarcófago. En la cámara funeraria, a pesar de sus alteraciones y fragmentos, este objeto concentra las miradas, en parte por su tamaño (ca. 12 toneladas) y por la belleza de sus colores, decoración e inscripciones. Miguel, que ya había planteado los preparativos, ha puesto en marcha el trabajo en cadena que incluye la retirada de cada fragmento –empezando por los más pequeños–, el inventario y descripción inicial del mismo, su fotografía y la primera toma de contacto de los restauradores con estas piezas, sobre todo para asegurarse un tratamiento simple pero eficaz que limpie y proteja, preliminarmente, cada pieza.

De esta manera, nuestros primeros días han servido para preparar el trabajo que en las próximas semanas deberemos abordar intensamente. Los objetivos son ambiciosos y el trabajo será duro, pero la recompensa científica, patrimonial y personal lo merece de sobra. Como el Ministerio egipcio de Turismo y Antigüedades (MoTA) plantea, debemos trabajar en la restauración de las pinturas murales en la tumba de Djari para protegerlas, documentarlas y publicarlas, a la vez que seguiremos con la desarticulación del sarcófago de Ipi para su catalogación, limpieza, restauración y publicación.











