Imagen: Patricia Mora Photography

Como hemos venido contando, al final de la campaña todo es estrés, intensidad, carreras y planes por acabar. En el caso del complejo de Ipi, el equipo ha conseguido rematar el objetivo fundamental, que consistía en desmantelar y catalogar todos los fragmentos sueltos del sarcófago, aunque aún continuamos a todo tren en la tumba de Djari, director de kheneret (que significa “prisión” o “trabajos forzados”), puesto que la cantidad de escenas, espacios, muros y morteros es elevada e implica un trabajo muy desigual y lento a lo largo de sus paredes. Sea como sea, el avance es considerable, ya conocemos qué tipos de morteros (con o sin cal) son los más adecuados, hemos reconocido el comportamiento de los pigmentos y podemos aplicar los mismos a cada muro. Inshaa’llah (“si Dios quiere”), en unas campañas podremos decir que este trabajo –que costó mucho iniciar por su complejidad– habrá sido satisfactorio y, sobre todo, que la tumba de Djari se ha salvado y recuperado para la posteridad. 

Imagen: Patricia Mora Photography

La tumba de Ipi va cerrando sus puertas al equipo MKTP este año. Los días de una docena de obreros bajo la dirección del inquebrantable de Miguel (llamado así por ser duro como la piedra y perseguir objetivos sin quebrarse) han pasado a mejor vida. Durante semanas hemos tenido a Raúl y Rebekah destinados al pasillo principal de la tumba, catalogando, examinando y documentando cada uno de los grandes fragmentos que llegaban a su mesa. Cuando no era un fragmento pequeño (¡de 300 kilos!) era un bloque de caliza de casi una tonelada que se debía estudiar allá donde se hubiera depositado. Su labor ha sido encomiable, apurando cada día para apuntarlo todo, no perder detalle, documentar cada fragmento y dar buena cuenta a través de sus archivos y notas de todo lo que se iba extrayendo de la cámara funeraria de Ipi. Los tres, bajo el alias del “Ipitin”(sic) (= Ipi Team), han disfrutado de esta experiencia, han conseguido hacer piña con los trabajadores y documentar en detalle esta deconstrucción del sarcófago que un día dará paso al proceso contrario de reconstrucción. A lo lejos, en el mismo pasillo y esta vez con objetos mucho más livianos, se encontraba apostado durante una semana Daniel Sánchez, que con su sabiduría y pasión no sólo analizó ramilletes y guirnaldas sino que nos enseñó mucho sobre el mundo de las plantas, árboles, semillas y frutos.

Imagen: Patricia Mora Photografy

Todo lo contrario ocurre en el complejo funerario de Djari, donde los trabajos de restauración y conservación han ocupado la mayor parte de nuestros esfuerzos, salvo la revisión de listas de hallazgos de campañas anteriores para poder mejorar la organización de nuestro inventario. En este caso, la labor paciente y lenta pero imprescindible de nuestros conservadores no puede ser destacada lo suficiente: Arantxa, Ella, Jaume y Reed, junto con el inspector de conservación Sameh, han dedicado cada día de este mes a un proceso de experimentación, estudio, observación, aplicación y, finalmente, confirmación de los resultados. En los últimos días, el equipo –¡empezando por el moudir!– se ha visto gratamente sorprendido con el nuevo aspecto de los muros que, con morteros de gran similitud a los anteriores, empiezan a presentar un aspecto más estable en términos de arquitectura. A la chispa y humor constantes de Ella y Jaume sumamos la sabiduría y paciencia de Reed y el trabajo experimentado de Sameh, y el resultado ha sido un equipo que ha sabido trasladar los cálculos y porcentajes en una realidad sobre los muros que aspira a recuperar este monumento. Y a todo ello añadimos hoy el trabajo interesante que, en el propio yacimiento, han realizado un grupo de carpinteros coptos que han venido para renovar los maderos con sus telas y materiales que servirán para proteger las escenas durante los próximos meses hasta nuestra vuelta.

Imagen: Patri Mora Photography

El esfuerzo con los bloques del sarcófago de Ipi –una “caja de resurrección” para la momia del visir que según nuestra evidencia parece haber sufrido un sinfín de percances– y con las pinturas de Djari, con un programa iconográfico que aspiraba a proveer al difunto con todo tipo de prebendas, dádivas y alimentos, no debe hacernos olvidar la labor de otros colegas que durante semanas han dedicado su tiempo y esfuerzo a metas concretas. Algunos, como Andrés, han dedicado su estancia al estudio de escenas como las diversas actividades de pesca de uno de los muros del pasillo principal. Otros, como nuestra fotógrafa Patri Mora, han conseguido lo imposible: estar en tres sitios a la vez, no solo donde se le necesitaba sino también desarrollando su propio programa de documentación de la tumba. Y por último, no debemos dejar atrás a Fernando, destinado a trabajar por su cuenta con la verificación de nuestra red de puntos geolocalizados en la necrópolis tebana, una labor aislada pero fundamental para la correcta apreciación del espacio y un mejor entendimiento del territorio circundante. 

A todos ellos, y casi en el final de nuestra aventura de 2025, gracias por el trabajo y la superación constante de problemas, cuestiones y tareas, cuyo resultado de seguro que será la consecución de estudios importantes sobre estas dos tumbas tebanas.