Imagen: Antonio Morales

La mañana se inició con el montaje del resto de jaimas que estas semanas de trabajo intenso de documentación y restauración protegerán las pinturas murales de Djari. Como decíamos ayer, son unos módulos portátiles que permiten moverlas si es necesario para protegerlas de la luz intensa del sol o para facilitar la labor de los especialistas. Por otro lado, el rais Alí daba las instrucciones necesarias para que el grupo reducido de obreros iniciase sus tareas, ya fuese poniéndose en marcha camino de la tumba de Ipi (a unos 450 m de la de Djari) o bajando al patio de la tumba de Djari para iniciar los trabajos de restauración junto a Sameh y Arantxa.

Imagen:  Rebekah Davis

En la cámara funeraria de Ipi, los trabajos transportando bloques de pieden han continuado sin descanso. Hoy, tras cinco días de esfuerzos, mucho sudor y numerosos cánticos de arenga para ayudar a subir algunos de los monolitos, la cámara funeraria de Ipi ha quedado mucho más liberada de bloques o de los fragmentos que podían colapsar si no se intervenía. Por un par de días, la cámara reposará hermética sin que el espíritu ba de su dueño observe –quizás extrañado preguntándose la razón de tanto ajetreo– que poco a poco seguimos desmantelando su sarcófago. Esta semana se han transportado aproximadamente unos 1.650 kg en fragmentos y bloques afuera de la cámara, lo que ofrece una imagen muy distinta del espacio funerario que rodea al sarcófago. Además, Rebekah y Raúl han continuado con el inventariado de las piezas, lo que permitirá una reconstrucción sin problemas. Si consideramos las condiciones en las que se encontraba el enterramiento con el paso de los siglos, creemos que el espíritu del visir Ipi quedará satisfecho con la recuperación de su nombre, la rehabilitación de su tumba y sarcófago y la recuperación de los textos sagrados que un día le sirvieron de guía y protección en su travesía al más allá.

Imagen: Patricia Mora Photography

En cuanto a los trabajos de restauración y documentación en la tumba de Djari, el ajetreo previo de preparativos, testeos y análisis ha dado paso hoy a una jornada más tranquila pero relevante, sobre todo por los diversos trabajos realizados en la tumba. Por un lado, Andrés ha aprovechado para planear –con nuestra fotógrafa del equipo– qué motivos y detalles deberían ser fotografiados el sábado, a la vuelta del fin de semana (que en Egipto incluye los jueves tarde y los viernes). La documentación de estos motivos es fundamental para que Andrés inicie su investigación sobre las actividades de pesca a la vuelta de la campaña.

Por otro lado, Arantxa y Sameh han estado comprobando la efectividad de los morteros probados la campaña anterior por parte de nuestro equipo de conservación: estos tres morteros corresponden a los tipos 1, 2 y 3 de nuestra clasificación, realizados con compuestos distintos. Si los dioses tebanos (Amón, Montu, Mut…) lo desean, la tumba de Djari recuperará parte de su antiguo esplendor y su dueño quedará –eso esperamos– satisfecho con la recuperación de su nombre en la memoria de la comunidad (al menos la académica). Mientras tanto, en el interior de la tumba, Antonio ha continuado con el análisis de los conos funerarios aparecidos hace un par de años, los cuales está preparando para su publicación. Estos conos, fechados en los reinados de Hatshepsut y Thutmosis III, fueron a parar a un depósito en el complejo de Djari y merecen un estudio pormenorizado.  

Imagen: Patricia Mora Photography

Además, hoy ha sido día de pago pues empieza el fin de semana. El pago del salario semanal a los obreros es un ritual de gran tradición que los ru’asã’ (plural de “rais” o “capataz de obreros”) de mayor abolengo promueven y disfrutan, sobre todo por que a través de este acto no sólo se entrega el salario a cada uno de los hombres que trabajan en el yacimiento sino que se les agradece uno a uno su esfuerzo, dedicación y contribución. Además de realizar el pago habitual, hoy nuestro director ha saludado a cada uno de ellos y ha charlado sobre los trabajos realizados estos últimos días y los planes para las próximas semanas. Estos hombres, que cada mañana llegan de aldeas cercanas, han aprendido con el paso de los años a realizar todo tipo de trabajos en la necrópolis, lo que les convierte en especialistas imprescindibles para cualquier misión en la zona.