Una de las novedades de trabajar este año en el sector de Asasif es que nos permite enfrentarnos a problemas ciertamente distintos a los que habíamos vivido en los complejos de Henenu (TT 313) e Ipi (TT 315), allá en la colina norte de Deir el-Bahari.

A diferencia de los grandes patios o las diversas cámaras subsidiarias que se encuentran en Henenu e Ipi, las tumbas de Djari y Dagi dan la bienvenida al visitante con una arquitectura local con fachada de tipo saff, patios de un tamaño más reducido y pinturas que en su momento debieron mostrar coloridas figuras de gran simbolismo. Para ilustrar el significado mitológico de las escenas, el ejemplo de la higuera de sicomoro cargada de higos por la que ascienden hombres a recoger estos frutos –escena que está atestiguada en las dos tumbas– y que nos habla de la diosa patrona de la necrópolis en la zona, Hathor, es una muestra evidente.

Otra experiencia que aporta la campaña actual es la presencia de restos arqueológicos que se extienden desde el reinado de Mentuhotep II (de principios del segundo milenio a.n.e.) hasta la época de los seguidores de San Epifanio de Tebas (siglo VI d.n.e.). El ejercicio de análisis, documentación e interpretación que requieren estructuras de adobe y piedra abrazadas a lo largo de los siglos es, simplemente, intrincado. Nuestros arqueólogos se enfrentan a las estructuras, hallazgos y cultura material con buenas discusiones, mucha observación y la aplicación de todos los métodos y técnicas de campo a mano. De ahí que sea normal pasar de discutir cómo finalizar la limpieza de la pendiente en el sector sur de Djari a intentar comprender la acumulación de niveles y estructuras coptas sobre las del Reino Medio en la tumba de Dagi. 

En cuanto al equipo de conservación, ahora que hemos iniciado la limpieza de los dos pasillos transversales, se hace esencial que trabajen de la mano con los arqueólogos. Por un lado, acaba de llegar un nuevo miembro: Jaume Vilaró.

La primera tarea para el equipo de conservación ha sido cubrir las pinturas murales expuestas antes de que se iniciara la limpieza. Se han intentado dos tipos de tejidos para experimentar cómo protegerlos del polvo y el trabajo en la zona. Además, se ha recibido el pedido de materiales locales que se utilizaran para reparar argamasas, yesos y pintura, sobre todo con la ayuda del rais Alí que junto a sus hombres han iniciado la producción de cal para la composición de varios tipos de morteros. En cuanto al complejo de Dagi, se continua con la documentación de las pinturas murales, dando prioridad a los fragmentos más frágiles.

El sábado se unirán al equipo dos inspectores de conservación y junto a ellos llevaremos a cabo un trabajo intenso en las tumbas durante tres semanas. También se han seleccionado fragmentos que requieren estudio para poder ser integrados –por su vinculación con ciertas escenas– en alguna pared en un futuro próximo. Este trabajo también ha permitido al equipo comprender los nuevos problemas a los que debemos enfrentarnos; entre otras iniciativas, los conservadores han empezado ya a preparar adhesivos para tantear cómo consolidar las capas más endebles de las pinturas.